viernes, 29 de marzo de 2013

Capítulo 14



En peligro
A
pagué el despertador de un golpe y enterré de nuevo la cabeza entre las mantas. Todo iba mal, muy mal. Hice cálculos mentales: era 9 de octubre y ya había pasado dos días sin saber nada de Samuel.
El domingo, a primera hora de la mañana, había vuelto a aquel callejón y no había encontrado nada, era como si allí nunca hubiese pasado lo que yo sabía que había ocurrido. Tras aquello, había volado hasta su casa, sin tanta prisa como la última vez que había hecho ese recorrido, perfectamente consciente de que si le habían hecho algo llegaría tarde de todos modos. Y tampoco encontré nada, a pesar de intentar entrar en la casa por todas las maneras posibles. En un último y desesperado intento, había recorrido los bosques de los alrededores, obteniendo el mismo resultado que en los dos casos anteriores.
Al día siguiente, el lunes, no había tenido tiempo de seguir buscándolo. Durante el horario del instituto no dejé de intentar encontrarlo con la mirada, pero no apareció. Por la tarde había tenido entrenamiento, a pesar de haber sido el cumpleaños de mi hermano. Exceptuando a mi madre, ninguno de los miembros de mi familia dio demasiada importancia al hecho de que fuese su cumpleaños, y en este grupo incluyo a mi hermano. Hacía años que no celebraba una fiesta de cumpleaños.
Me levanté a duras penas, repitiéndome una y otra vez que con quedarme tumbada en la cama no lograría nada y, una hora después, estaba atravesando la puerta del instituto.


-¿Ayer tuviste clases? –preguntó Cassie, intentando mantenerse a mi altura, mientras caminábamos hacia el patio.
-Sí –respondí simplemente, sin prestar gran atención a la conversación. Tenía la esperanza de ver aparecer una figura rubia y sonriente de entre la gente, y tenía mis sentidos concentrados en encontrarle.
-Son en tu casa, ¿no? –continuó mi amiga con el interrogatorio.
-Sí –repetí.
Hizo una mueca que no terminé de identificar y añadió:
-¿Has empezado a estudiar historia?
Le agradecí de nuevo que se inventase la excusa por mí y asentí, al tiempo que murmuraba un “ajá”.
Cassie dio una zancada y se situó frente a mí, con una expresión de enfado inconfundible. Y cuando sacó mi libro de historia de su mochila, supe que había metido la pata. Que eso no iba a ser fácil de arreglar.
-Y dime, Kat, ¿con qué libro? Porque dudo que fuese con el tuyo. ¡Me has mentido! Fui ayer a tu casa y no había nadie. Absolutamente nadie. No soy estúpida. Siempre supe que me ocultabas cosas. Pero no me entrometí porque me decías que no podías contármelo. ¡Y lo respetaba! Lo que no puedo soportar es que me mientas, y menos después de lo sincera que yo he sido contigo. ¿Sabes que eres la única persona a la que le dije lo de mis padres? Y lo hice porque confiaba en ti –terminó. No se me pasó por alto el “confiaba”.
-Cassie, lo siento. Yo… -comencé, esforzándome en buscar algo que decir.
-Si lo que va a salir de tu boca no es la verdad, mejor mantenla cerrada –ordenó con la mandíbula apretada y los ojos llorosos.
Hice lo me dijo y mantuve la boca cerrada. No iba a mentirle, pero tampoco podía decirle la verdad. Cassie me lanzó una última mirada, una de las que dicen claramente que o hablaba entonces, o callaba para siempre; y, al ver que escogía la segunda opción, se giró decepcionada y se fue.
Viendo cómo se alejaba por el patio, las lágrimas anegaron mis ojos. Había defraudado a Cassie y no podía culparla por su enfado. Y eso hería también mi orgullo, el saber que ella tenía toda la razón.
Agarré el libro que mi amiga, si todavía podía llamarla así, había dejado caer en el suelo y lo tiré en un contenedor apartado de la muchedumbre al que, segundos después, avasallé a golpes.


Me acurruqué un poco más entre los cojines del sofá y dejé escapar un sollozo.
No sabía qué hacer y tenía miedo. Había perdido a mi mejor amiga y a mi… a Samuel. Y ambas cosas habían sido por mi culpa.
Me levanté desesperada y pateé, de nuevo, la puerta que no había conseguido abrir. Tras aquella puerta tenía que haber algo que me ayudase a encontrar a Samuel o, al menos, a defenderme de los monstruos que me lo habían arrebatado: un arma, un libro, una simple pista de dónde encontrarle.
Chillé exasperada al comprobar que no cedía. ¿Cómo era posible que la puerta de una habitación fuese más resistente que la puerta de entrada? Había conseguido abrir la puerta principal de la vieja casa tras forzar la cerradura a duras penas y darle unos golpes al tablón de madera. ¿Por qué no podía forzar aquella?
Me dejé caer en el suelo, con la espalda apoyada sobre la maldita puerta.
Yo no quería eso. No quería llorar por unos amigos que mi condición de arcángel me había hecho perder. Solo quería ser una chica normal, con un novio normal y con amistades normales. Quería reírme de los ilusos que creían en seres inexistentes como los ángeles. No quería sufrir esa condena que no había pedido. ¿Acaso me habían ofrecido la oportunidad de ser como cualquier adolescente?
 Levanté la cabeza al escuchar unos pasos y gateé para esconderme detrás del sofá. Busqué algo con lo que poder defenderme en caso de necesidad, pero no encontré nada.
-¿Pero qué diablos ha pasado aquí?
Asomé la cabeza tras el sillón, esperanzada. ¿Esa voz era la de…?
Me levanté de un salto y me acerqué insegura a la figura que examinaba la puerta forzada.
-Samuel… -susurré. La alegría de verle, de saber que estaba vivo, me asedió, pero, por alguna razón, no podía expresarla. Sentía la necesidad de ser precavida.
-¡Kat! ¿Qué haces aquí? Es peligroso, podrían estar vigilando la zona. No deberías haber venido, no deberías acercarte a mí. Te encontrarán –dijo, tomándome la mano.
Le observé. Tenía los labios cortados, un ojo morado, un corte en un pómulo y una pequeña brecha en la ceja derecha. Además, reparé en que cojeaba un poco al andar.
Ignorando a la precaución, lo abracé con delicadeza, intentando no hacerle daño.  Lloré las pocas lágrimas que todavía conservaba, pues últimamente parecía que eso era lo único que hacía: llorar.
-Yo no quería dejarte solo, ¡he sido una estúpida! Lo siento…
-Tranquila –me calmó con voz dulce. Sus palabras me sentaron como una dulce caricia sobre la piel –. Hiciste lo correcto marchándote. No quiero ni pensar lo que habría pasado de haberte quedado…
-¿Qué? –le interrumpí, al tiempo que  me separaba de él para poder mirarle a los ojos. Ya no lloraba y tenía la mandíbula firmemente apretada -¿A qué te refieres?
Dudó un segundo antes de responder:
-Van a por ti, Kat –murmuró. Intentaba sostenerme la mirada, pero terminó por desviarla.
-Pero… si yo no he hecho nada. ¡No los conozco de nada, Samuel! ¿Qué pueden querer de mí? ¡No puedo ser yo!–mi voz era temblorosa e insegura, pero gritaba, pues estaba al borde de la histeria. Necesitaba respuestas, necesitaba un por qué.
-¡Cálmate! Todo va a salir bien, ¿vale? Kat, piénsalo. Eres la única arcángel y eso ha hecho que centren su atención en ti.
Parpadeé un par de veces y respiré profundamente. Cuando me aseguré de que estaba calmada, expuse:
-¿Y qué más da? No tengo nada especial. No tengo nada que merezca la pena… -interrumpí mi frase y formé una nueva, cuando caí en la cuenta de lo que pasaba en realidad –Pero ellos no lo saben. –sentencié.
Samuel sostuvo mi mirada y asintió.
-¿Qué fue lo que pasó el otro día? –inquirí de repente.
-Después de que te marcharas –comenzó –tuvimos un… enfrentamiento. Como ves, no salí bien parado. Tardé un día entero en llegar a casa, porque estaba herido y desorientado, pero luego me fui recuperando. Me pasé un buen rato en cama y llegué a la conclusión de que iban a por ti. Quería avisarte, decirte que tuvieses cuidado. Pero podrían haberme seguido y no quería arriesgarme a que te encontraran.
-Eran seis… ¿cómo lograste escapar?
Cuando habló, su voz sonó sombría:
-Cuando te tienes que valer por ti mismo durante toda una vida –susurró –aprendes cosas que de otra forma te resultaría imposible. Sé que no todas ellas son buenas, pero sí necesarias. Cuando creces por la fuerza, Kat, ves las cosas de otra manera.
Y escuchando como hablaba, supe que lo que decía era verdad. Que, en cierto modo, había una diferencia de pensamiento entre nosotros mucho mayor de lo que habría podido imaginar. Pero, por otro lado, ¿acaso no seguía siendo un chiquillo solo y asustado al que habían hecho daño?
-Tengo que decírselo a mi padre. No me gusta pedirle ayuda, pero él sabrá qué hacer.
-No. Escucha, Kat. Si estoy en lo cierto, el grupo del otro día te ha perdido la pista. Pero podría haber más buscándote…
-¡Por eso mismo tengo que decírselo! –interrumpí.
-Déjame acabar –pidió. Asientí y él continuó –. Sabes perfectamente cómo funciona la fluctuación de energía, ¿verdad?
Asentí.
-Bueno, pues nuestra energía fluctúa con mucha más fuerza cuando somos completamente ángeles, es decir, cuando seguimos nuestro instinto de ángeles: matar a los ángeles negros. Si tu familia lo descubre, liberareis demasiada energía y eso atraerá a los monstruos. Kat, escúchame bien, tienes que ser lo más humana posible. No puedes dejar que tu parte de arcángel te controle. ¿Entiendes?
Y en ese instante lo entendí lo que quería decir, pero di otra interpretación distinta a la frase. Ciertamente, no iba a dejar que mi parte arcángel me controlase.
-Sí… Y ahora sé perfectamente lo que tengo que hacer.

9 comentarios:

  1. Es una alegría saber que Samuel está bien. Bueno, medianamente bien xD. Aunque me dolió lo de Cassie... supongo que me la veía venir igual, en cierta forma, pero... estoy segura de que lo van a solucionar. Digo, por algo son mejores amigas :) Espero que la decisión que tomó Kat sea la correcta. Por más que todavía no sepa cuál es xD.
    ¡La trama se pone cada vez mejor, me encanta!

    Si querés, ¿te pasarías por mi historia? Sino no hay problema :). Es esta:
    http://dentrodeuncorazon.blogspot.com

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  2. Me parece increíble que Samuel se sacrificara por Kat y se quedara a luchas contra los ángeles negros para que ella pudiera escapar... Ya pensé que le iba a haber pasado algo muuuy gordo...
    Pobre Kat, me da pena que no pueda llevar una vida normal y que discuta con Cassie, pero tengo la impesión de que, al final, too se va a solucionar :)
    ¡Sigue escribiendo así! Un besazo, guapa

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  3. Aisshh ¡Qué mal lo de Cassie y Kat! Ojalá que lo arreglen pronto. Y qué bien que Samuel esté bien :) Me encanta el giro que está dando la historia. ¡¡Con ganas de más!!

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  4. Hice un dibujo de Kat y Sam, lo puse acá:
    http://s1231.photobucket.com/user/Kuroneko15/media/KxS_zps00577ab8.jpg.html?sort=3&o=0
    Quería hacer la escena donde Sam le besaba la frente, pero se me ocurrió una posición linda y bueno, hice esa xD. No estaba segura de la apariencia de Kat, así que la hice como en mi mente.
    Espero te guste, y tenga la oportunidad de hacer otro :). Aunque no sé si la próxima no sería más cómodo subirlo a Tumblr xD.

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  5. Uff! Pobre Cassie y pobre Kat también.... La verdad es que ambas son mejores amigas y las mejores amigas al final arreglan sus problemas y vuelven a estar juntas. Lo tengo por seguro :)
    Qué bonito lo que hizo Samuel por Kat! Y menos mal que está bien! Bueno, más o menos bien... O mejor dicho, menos mal que está vivo y no le ha pasado nada demasiado grave.
    Esperemos que a partir de ahora Kat controle su parte de arcángel!
    Me encanta el capítulo! Precioso!!
    Siguiente ya!
    Besitos :)

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    Respuestas
    1. Ah!! Y por cierto! (Qué se me olvidaba lo más importante)
      ¿Qué tal en Francia?
      Espero que muy pero que muy bien!
      ¿Viste la Torre Eiffel? ¿Y disfrutaste del viaje? Esto es lo más importante, si disfrutaste, pues entonces el viaje fue genial seguro :)
      Besitos :)

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  6. que mal lo de Cassie y kat..a ver si lo solucionan..
    super interesante el capitulo!!! sigue así!! ^^ me encanta!!

    un besoo

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  7. ¡Hola!
    He recibido bastantes comentarios, tanto en este cap. como en el anterior, preguntándome cómo me había ido en Francia (muchas gracias a todos, es muy bonito que alguien que no conoces en persona se preocupe por ti). Me ha ido genial, tanto la Bretaña como París son preciosos. Os aconsejo que no desaprovecheis la oportunidad de hacer un intercambio si se os ofrece algún día :)
    Aprovecho para darle las gracias a todos los que leeis y comentais, mantenéis este blog vivo :)) ¡Sois geniales!

    Un beso

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  8. Que bien que haya vuelto Samuel. Pobrecito. Que mono, protegiéndola :) A ver como soluciona lo de Cassie.

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