¡Hola!
Vale,
aquí viene la última entrada del año. Yo quería que fuera un capítulo, pero con
los preparativos para esta noche no me ha dado tiempo a acabarlo por muy poco.
Así que espero tenerlo mañana (crucemos los dedos).
Unas
cosas que quiero comentaros:
Primero,
sé que algunos de vosotros me habéis dado premios y que dije que los haría,
pero se me han acumulado bastantes, porque hace mucho tiempo que no hago
entrada de premios, así que he decidido que al final no haré la entrada. De
todas formas, se lo agradezco a todos aquellos que han premiado este blog,
¡muchísimas gracias!
Segundo,
estoy pensando en hacer un Twitter para el blog. Sé que algunos de los
seguidores de este blog tienen (me paso a cotillear a menudo) y yo misma tuve
una cuenta personal que borré (porque no la usaba y mi TL estaba compuesto, en
su mayoría, por porquerías). Bueno, ¿qué os parece?
Tercero,
aquí os dejo un relato. Es diferente a los otros que he escrito hasta ahora,
porque no es tan abstracto (y es bastante más largo). Lo escribí para un
concurso del blog Keep calm, just read, pero no llegué a enviarlo, porque
(demostrando mi intelecto superior) no vi lo de los plazos y cuando lo escribí
ya era tarde. Pero bueno, yo os lo pongo aquí de todas formas ;)
EL JURAMENTO
—¡Muerte a la bruja!
¡Muerte a la bruja! ¡A la hoguera!
Aquello que antes
sonaba como un murmullo lejano eran ahora fuertes gritos cargados de ira. La
muchacha se encogió más en su escondite y contuvo la respiración, a la vez que
apretaba el zurrón con sus escasas pertenencias contra el pecho. Dentro de su
bolso podía sentir el perfil del cuchillo que había provocado aquella
situación: la chica lo había robado en la casa en la que trabajaba como criada
y, cuando una de sus compañeras le había preguntado para qué lo quería, ella
había confesado que tenía pensado realizar un ritual. Tras eso, la otra la
había delatado y la gente la había culpado de practicar brujería. Pero ella no
era bruja. “¿Realmente importa?”, se preguntó entonces “De saber lo que soy
realmente, también querrían matarme”.
Escuchó unos pasos
peligrosamente cerca de donde se encontraba y tembló. A Charlotte, así se
llamaba la chica, no le daba miedo la muerte. Pero no podía dejar que la
matasen en la hoguera. Simplemente, no podía ser así. Porque de lo contrario…
Charlotte se despertó
de golpe, pero no estaba alterada. Ese recuerdo había aparecido tantas veces en
sus sueños que, a con el paso de los años, había aprendido a controlarse apenas
un segundo después de despertar. Se incorporó del montón de mantas raídas que
utilizaba por cama con cuidado de no
despertar a ninguno de los que compartía habitación con ella. Sorteó a varias
personas que dormían sobre bultos de mantas similares al suyo propio y se
detuvo al llegar al lugar en el que descansaba Will. La poca luz que se colaba
por la ventana permitía ver los rasgos del joven, que el sueño hacía parecer
incluso más suaves. A ella le hubiese gustado que tuviese los ojos abiertos,
para poder apreciar el bonito color azul de los iris de su amigo.
En la calle, el
ambiente era bullicioso, a pesar de que era temprano. Grandes mareas de gente
se movían de un lado a otro, a diferentes ritmos. Si bien, Charlotte avanzaba
sin problema, escurriéndose entre la gente. Había ciertas personas que se
apartaban al verla, pues ya la conocían como “otra de esos gamberros que viven
en la antigua escuela abandonada”, pero eran los menos. La joven sabía pasar
desapercibida, de esa manera que solo se aprende en las calles, aunque un
observador atento habría podido apreciar en su forma de caminar el porte
elegante y delicado de quien había tenido una cuidada educación. Y así había
sido; antes de haber sido una pícara ladrona, antes de haber sido nombrada
bruja, antes de haber trabajado como doncella. Antes de todo.
Su aspecto también
contribuía a hacerla pasar inadvertida, pues lo cuidaba lo suficiente como para
no parecer una truhana, aunque no pudiese permitirse las ropas elegantes que
veía todos los días a las chicas de la ciudad. Por otro lado, nada en su
aspecto llamaba especialmente la atención, excepto sus felinos ojos, de color
verde pardo, que estaban siempre medio tapados por un par de mechones de pelo
azabache y que habituaban fijarse en los bolsos de las damas que paseaban por
su alrededor.
Ese día era diferente.
Tenía la vista fija en el suelo y buscaba huecos por los que colarse para
llegar lo antes posible a su cita. Acostumbrada como estaba a moverse por la
zona, no tardó en llegar. La tienda era vieja, pequeña y de aspecto
desvencijado, pero aún así Charlotte entró sin pensárselo dos veces. Al abrir
la puerta, una campanita sonó por toda la habitación al tiempo que la joven lo
observaba todo atentamente. El lugar estaba poco iluminado, pero distinguió
estanterías, en su mayoría ligeramente torcidas, con objetos variados expuestos
sobre ellas. A juzgar por el aspecto gastado y mal cuidado de algunos de ellos,
se atrevió a aventurar que era una tienda de artículos de segunda mano. “No es
tan extraño, entonces, que la piedra haya venido a parar aquí”, se dijo.
—Buenos días, chiquilla
—dijo una voz a sus espaldas. La aludida se giró y se encontró con una
viejecita enjuta, de cabello cano, marcadas arrugas y ojos negros como la
noche, que sonreía ligeramente, contenta de ver actividad en su casi muerta
tienda, supuso Charlotte— ¿En qué puedo ayu…? Ah, eres tú —añadió al
reconocerla. Ambas se conocían de anteriores negociaciones en las que siempre
habían hablado del mismo tema.
La joven bandida se
acercó al polvoriento mostrador y dejó caer sobre él un saquillo de tela que
repiqueteó con sonido metálico al chocar contra la mesa.
—Es todo que le puedo
dar —anunció sin rodeos.
La mujer dirigió una
mirada escéptica a la bolsita y volcó su contenido sobre la mesa, para contar
las monedas. Tras el recuento elevó la mirada; Charlotte le sacaba casi dos
cabezas.
—No es mucho —murmuró
la anciana.
—Pero… —la voz de la
chica tembló un poco, así que se aclaró la garganta —No tengo más y necesito
esa piedra.
—¿Para qué?
—Lo siento, señora,
pero no lo considero de su incumbencia —intentó no sonar muy brusca y la mujer
no pasó por alto sus buenos modales, que resultaban extraños teniendo en cuenta
la condición social de su compradora.
—Bueno, teniendo en
cuenta que no me puedes pagar lo suficiente con dinero, podrías hacerlo con
información. Me paso el día encerrada aquí, pequeña. Estoy aburrida —replicó
esbozando una sonrisita con su pequeña boca.
Charlotte suspiró por
lo bajo.
—Leí cosas sobre ella
en unos libros. Eran muy interesantes, por cierto, tal vez podría aprovecharlo
para combatir su aburrimiento —comentó con cierta retranca.
Lejos de tomarse a mal
el comentario, la anciana dejó escapar una risita.
—Libros de brujería,
supongo —dijo entonces. La joven empalideció y tragó saliva, pero no dijo nada.
La mujer comprendió que no admitiría haber leído libros de brujería ante
cualquiera que la pudiese denunciar por ello. Así que fue ella quien masculló
—: En ese caso no saciarían mi curiosidad, me temo. Apuesto a que ya me los he
leído.
Charlotte
abrió mucho los ojos. ¿Acababa de confesarle la anciana que se interesaba por
la brujería? ¿O que la practicaba, incluso? El rostro de la mujer seguía
conservando la sonrisa, sin que variara un ápice. Comprendió, entonces, que era
cierto que no tenía nada que temer, porque, al fin y al cabo, una joven
ladronzuela que también había mostrado interés en el tema no iba a reprocharle
nada. La mujer revolvió un cajón y le tendió algo envuelto en un pañuelo de
tela. Charlotte lo desenvolvió con cuidado y vio la piedra que tanto había
buscado. Era una piedra de forma oval, del tamaño de la palma de su mano y en
uno de sus lados tenía una inscripción en una lengua desconocida para ella. De
ser por eso, la piedra apenas habría tenido valor. Sin embargo, lo que
proporcionaba la valía del objeto eran las numerosas piedras preciosas
incrustadas en el canto, que creaban un hermoso marco a la inscripción.
—Gracias
—masculló Charlotte. Se disponía a marcharse ya cuando escuchó decir a la
anciana, con voz pesada:
—Ten
cuidado, niña. Es una piedra poderosa ¿Sabes cuáles pueden ser sus
repercusiones?
—La
muerte —respondió la chica sin vacilar —Pero no se preocupe, señora. No temo a
la muerte. Es una vieja conocida.
Charlotte
se marchó de allí antes de ver como la comprensión se dibujaba en el rostro de
la anciana, que palideció y se llevó una mano al corazón.
Los
dos paseantes llevaban ya un rato caminando cuando ella propuso pararse a
hablar. Él se mostró de acuerdo, como hacía casi siempre al tratarse de ella.
De hecho, no hubiese renunciado a pasar el día lejos de las calles en las que
se ganaba la vida de habérselo pedido cualquier otro. Así que se sentó bajo un
árbol, buscando más un respaldo que una sombra, dado que ya estaba
anocheciendo. Ella lo imitó, pero no dijo nada. Su mirada se posó en el suelo, cosa que
sorprendió al chico, tan acostumbrado a que ella mirase fijamente a los ojos de
la gente y, especialmente, a los suyos.
—Y
bien, Charlotte —la animó Will —¿de qué querías hablar?
—Quería…
—se armó de valor para mirarlo a los ojos, porque su orgullo no le permitía
aparentar inseguridad —Quería despedirme de ti.
—No
puedes estar hablando en serio ¿Te vas? ¿A dónde? —exclamó él, con verdadera
pena pintada en los ojos. Sacudió la cabeza, alborotando varios mechones de
pelo color miel. Charlotte vaciló. Se había planteado qué debía decirle a su
amigo, pero no había llegado a decidirse. Antes de que ella pudiese seguir, el
dijo —: Oh, ¿ya estás otra vez con ese condenado chuchillo? Te vas a matar,
Charlotte.
Ella
se dio cuenta entonces de que lo había sacado de su bolsa y lo sostenía entre
las manos, recorriendo el intrincado gravado de la empuñadura con el pulgar,
como hacía siempre que se sentía preocupada.
—Lo
que tú no sabes, Will, es que, en cierto modo, no puedo matarme —respondió,
sonriendo amargamente.
—¿Qué?
—preguntó él al cabo de unos segundos, confuso.
La
joven soltó un largo suspiro antes de comenzar su explicación.
—Todo
empezó hace 10 años. Si me estás imaginando como una niña pequeña, olvídate de
eso, porque tenía el mismo aspecto que tengo ahora. Mi familia pertenecía a un
linaje rico; recuerdo que mi abuela me contaba viejas historias de mis
antepasados: según ella, tiempo atrás mi apellido lo habían llevado los nobles
más poderosos de la zona. Mi padre había
vendido parte de sus tierras a unos ricos comerciantes, entre ellas una de sus
residencias. Se sentía muy indignado porque se habían quedado con una daga y
una piedra que habían pertenecido a la familia durante generaciones y, cuando
había acudido a recuperarlas, lo habían echado de allí. Toda la familia estaba
indignada, pero yo era posiblemente la que más. Y dije algo que no debí haber
dicho. Resulta irónico, porque en aquel momento no le di importancia, pero
ahora recuerdo las palabras exactas. Dije “Juro sobre esa piedra y ese
cuchillo, que no descansaré hasta recuperarlas”. Qué estúpida fui. Juré sobre
objetos mágicos, aunque, obviamente, yo por aquel entonces no sabía que lo
eran. Ni siquiera hoy alcanzo a imaginar qué clase de poder albergan. Pero mi
juramento recae sobre ellos. ¿Sabes lo que conlleva eso? Que no iré al cielo
hasta cumplir mi juramento. Por eso, aquella noche, cuando toda mi familia
murió en un accidente, yo me quedé aquí, aunque, en cierto aspecto, también
morí. Con el tiempo reuní información. Descubrí que mi espíritu quedaría atado
a la Tierra hasta que no cumpliese mi palabra. Se me había permitido conservar
mi cuerpo para poder lograr mi objetivo, pero si no moría como debía, mi
espíritu se quedaría anclado a la tierra para siempre, pues no podría cumplir
mi juramento. No hay mucho que pueda hacer un fantasma, ¿no crees? Para poder
descansar debía cumplir mi palabra y morir entregando mi sangre a aquellos
objetos sobre los que había jurado. Así que entré a trabajar como doncella de
los comerciantes para recuperar lo que era mío, pero solo tenían el cuchillo.
Como ya sabes, me fui de allí, y he estado siguiendo la pista de la piedra. Por
fin la tengo, Will. Por fin podré descansar con mi familia. Yo… voy a
entregarles mi sangre —terminó, tendiendo ante él ambos objetos. Se le había
empañado la vista.
Will
la miró perplejo, también con los ojos llorosos. Una parte de él no quería
creerlo, pero la creyó. Y eso no hacía más que acentuar el nudo de su garganta.
Charlotte
se acercó a él, con cuidado. Le sostuvo la mirada unos segundos, antes de
cerrar los ojos y depositar un suave beso en los labios del chico. Era el
primero y, ella lo sabía, también sería el último. Al separarse, sus voces
murmuraron, al unísono:
—Te
quiero.
Charlotte
se levantó de un saltó y, sin pensárselo dos veces, se hundió el puñal en el
pecho. Con las escasas fuerzas que le quedaban, manchó también la piedra con su
sangre y luego se desplomó en el suelo. Will ahogó un grito al ver la escena y
se abalanzó hacia el cuerpo inerte de su amiga. Pero apenas un segundo después,
observó, con fascinación, como el cuerpo de Charlotte se difuminaba y como
aparecía, en su lugar, una suave estela de luz que se elevó en cielo. Él la
siguió con la mirada, mientras se hacía más y más pequeña y, justo cuando creía
que iba a desaparecer, se detuvo en el cielo. Ahora era una estrella más y Will
supo que, de una forma u otra, Charlotte siempre estaría ahí.
Todavía
llorando, recogió del suelo el cuchillo y la piedra manchados de sangre, y las
apretó con fuerza. Era todo lo que le quedaba de Charlotte. Eso, y una estrella.
Y,
esto ha sido todo. Muchísimas gracias a los que leéis y comentáis, sois
absolutamente geniales.
OS DESEO UN FELIZ AÑO NUEVO Y
ESPERO QUE CONSIGUÁIS TODO LO QUE OS PROPONGAIS EN EL 2014 (todo todito, como si es inventar una máquina que
saque los personajes de los libros para traerlos a mi casa).
Me ha encantado el relato asdfgjrhtbe*-* Es bastante diferente a tu historia, pero se nota que eres genial con las palabras y que no tienes problemas para expresar lo que deseas. No me esperaba ese final, la verdad :( Si se besan, tienen que estar juntos, ¿no? Aish, que triste, pero igualmente, la vida es así y todo acaba, hasta una relación de amor. En serio, no conozco apenas ni a Will ni a Charlotte, pero como si los conociera de toda la vida. Supongo que soy demasiado sentimental jajaja
ResponderEliminarFELIZ AÑO NUEVO. Ui sí, ojalá pudiera sacar a los personajes ficticios y traerlos por aquí... jejeje :)
Hola!!! Primero de nada FELIZ AÑO!! Espero que pases un 2014 genial ;)
ResponderEliminarLo del relato es muy bonito, no me esperaba ese final, pero realmente creo que eso es lo que más me ha gustado, ese final improvisado que al final muere la chica (no sé por qué pero me gustan mucho los relatos en los que al final alguien muere, tal vez le dan más tensión o no sé xD) Y realmente escribes genial.
Besitoos :)
El relato ha estado genial! Aunque me imaginaba que iba a pasar más tiempo con el chico, pero bueno. Ha sido un final bastante inesperado :3
ResponderEliminarEspero que pases un feliz año nuevo y que tus propósitos se cumplan :)
Muchos besos!
que triste este relato... ha sido bonito pero a la vez triste.. Está bien variar de un estilo a otro, así vamos creciendo...
ResponderEliminarsigue así
¡Feliz año nuevo! Puede que te lo haya dicho ya, pero como en esta entrada felicitas el año... jajaXD
un besooo
Hum... facía xa bastante tempo que non me pasaba por aquí, e vexo que non perdeches o tempo jajaja Ata agora non lera ningún dos teus relatos, pero parécenme moi chulos todos, nótase que te esmeras neles... Este en concreto gustoume polo estilo que lle meteches; parece lixeiro, pero non di nada ata o final... Besoos e sigue escribindo!
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