viernes, 31 de mayo de 2013

Capítulo 20


Frustraciones y confesiones

A
preté la carpeta contra mi pecho e inspeccioné todo con cuidado. A penas un par de pasos por detrás de mí, dos pares de ojos hacían lo mismo: unos de ellos eran grandes, de color chocolate y de mirada preocupada; y los otros, azules y fríos como el hielo, de mirada sagaz y calculadora.
No tardamos en recorrer el tumulto de gente que bloqueaba el paso hasta la moto. Nada más llegar, mi hermano subió con rapidez y yo me despedí de Cassie con un abrazo y un “cuídate”. 
Desde el incidente de hace un par de días, siempre había alguien cubriéndome las espaldas, vigilando cada paso que doy y, por supuesto, una petición de que me cuidase en las despedidas de todos los que sabían lo ocurrido.
Segundos antes de que la moto atravesase la salida, lancé una mirada fugaz al recinto y encontré, en medio da la gente, a Samuel, que me seguía con la mirada, protegiéndome desde las silenciosas sobras.

Habían pasado un par de horas desde mi llegada a casa y estaba acurrucada en el mullido sillón, con el mando de la televisión sostenido entre mis aún temblorosas manos. Temblaba habitualmente desde el encuentro con el arcángel y tenía los sentidos alerta constantemente, por lo que cuando entró mi padre en casa dando un portazo, di un fuerte respingo y contuve la respiración de manera involuntaria.
Papá irrumpió en el salón súbitamente y, a pesar de que resollaba por cansancio, no había perdido esa fortaleza característica. En ocasiones se parecía tanto a los personajes de las películas de acción que me costaba pensar en él como un padre.
-Le he encontrado –anunció con voz firme.
No necesitó decir de quién hablaba, porque toda mi familia centró la atención en él, como depredadores que acaban de divisar a su presa a lo lejos. En esa persona podían estar las respuestas a todas las preguntas, las indicaciones para llegar al centro de todo ello. Tal vez él no supiese todas las soluciones, pero podía guiarnos a quien sí las conocía. Sólo había que encontrarle y hacerle hablar…
-¿Qué ha pasado con él? –inquirió Isaac rápidamente, levantándose, negándose a dejar marchar a su presa.
Papá no contestó de inmediato y, por un segundo, la quietud se hizo con el salón; mamá dejó de doblar la ropa, mi hermano tensó cada uno de sus músculos y yo bajé el volumen de la televisión.
La calma antes de…
-Está muerto –…la tormenta.
-¡Mierda! –chilló mi hermano.
Un pensamiento se hizo dueño de mi mente:
-¿Yo lo…? –incapaz de pronunciar las palabras, cambié la frase -¿Las cenizas de árbol de fuego lo mataron?
El temor de haber terminado con una vida, fuese por la razón que fuese, se me hacía insufrible. ¿Me había convertido en una asesina?
Mi padre negó con la cabeza.
-Tenía una daga… clavada en el pecho.
Una parte de mí se sintió aliviada, pero otra no conseguía entender las cosas.
Y otra… estaba completamente frustrada. Mis dedos se crisparon alrededor del mando a distancia y, mientras mi familia discutía sobre qué debíamos hacer ahora, qué debían hacer conmigo, mi mente luchó por no explotar. Retrocedíamos. Habíamos perdido nuestra única pista y casi podía sentir como las respuestas se alejaban de mí, después de haber estado tan cerca. La vida se reía de mí. No sabía cómo debía seguir.
Había varias cosas que me atrevía a asegurar: había más de un grupo persiguiéndome, alguien influyente en algún lugar  sabía de mí, ese alguien creía que tenía un don que podría favorecerle (por lo cual sus mandados no podían matarme) y, lo que podría jurar una y mil veces, estaba en serio peligro. Pero yo no tenía ningún don...
El timbre me sobresaltó y di un nuevo respingo. Mi padre fue a abrir y escuché sus palabras desde el salón.
-Buenas tardes –dijo una voz de chico muy familiar.
-Buenas tardes.
-Venía a visitar a Kat, soy un compañero del instituto, ¿está en casa?
Corrí al recibidor sin dar tiempo a mi padre para responder.
-¡Samuel! ¿Qué haces aquí?
-Hola, Kat. Yo también me alegro de verte. Estoy bien, gracias por preguntar –dijo con ironía, pero sonriendo divertido.
-Lo siento, pero no esperaba verte –respondí, devolviéndole la sonrisa –Pasa. Samuel, este es mi padre, Kevin. Papá esté es Samuel, un amigo.
El muchacho estrechó la mano de mi padre.
Al girarme descubrí que también mi madre y mi hermano estaban allí. Presenté a mi madre de igual forma que a mi padre, pero lanzándole una mirada significativa. Cuando nadie la miraba formó las palabras “luego hablamos” con los labios. Asentí.
Tras un rato, mi familia se retiró y Samuel y yo subimos a mi habitación.
-¿Estás curado? –pregunté, aguantando su primaveral mirada.
-Casi del todo, aunque todavía me mareo por veces… Estoy mejor al aire libre.
-Vayamos al bosque –dije, tomándole una mano y dirigiéndome a la ventana.
-Kat… ¿no deberías avisar? Tus padres se escandalizarán si desapareces.
Era cierto, pero estaba tan acostumbrada a marcharme sin decir nada que ni lo había pensado. Todavía agarrados de la mano bajamos las escaleras y nos soltamos un segundo antes de atravesar la puerta del salón.
-Nos vamos a pasear por el bosque –afirmé. Nunca preguntaba, hacía años que había descubierto que, en mi casa, si pedías permiso, nunca hacías lo que querías.
-No creo que sea buena idea que vayas al bosque ahora, Kat –reprochó mi padre.
-Tranquilo, señor Myder –interrumpió Samuel entonces –. Estará bien, me aseguraré de ello.
La comprensión se apropió de la expresión de todos los presentes, confirmándoles lo que, probablemente, ya sospechaban.
No perdimos más tiempo allí. Continuamente juntos, volamos por entre los árboles y, en cierta parte del trayecto, él tiró de mi mano para conducirme a un destino que desconocía. Yo, por mi parte, simplemente me dejé llevar, sintiendo el viento acariciar mi cuerpo y el aroma del bosque recorriéndome por dentro, purificándome, en cierto modo.
Y finalmente llegamos al lugar que mi novio había escogido como meta. Una sonrisa involuntaria tornó las comisuras de mis labios hacia arriba.
Estábamos en el claro.
Le besé suavemente y cuando él rodeó mi cintura con su brazo, acercándome a sí, una ola de electricidad me recorrió de cabeza a pies, erizándome el vello de los brazos. Quería olvidarme de los ángeles negros y rendirme a él, a sus caricias.
Pero, obviamente, no podía ser.
Separando sus labios, pero todavía con su frente contra la mía, susurró:
-¿Cómo van las cosas con…eso?
Le conté a grandes rasgos las noticias que había traído mi padre.
-¿Una daga? ¿Quién haría eso?
-Y ¿por qué? –añadí.
-Kat, ahora lo importante es que estás bien y que tal vez haya un aliado.
-O un nuevo asesino que solo quiere librarse de la competencia.
Me besó delicadamente a forma de consuelo y en uno de los segundos en los que separó su boca de la mía pareció murmurar “No pienses esas cosas”, pero estaba demasiado abrumada como para asegurarlo.
Cuando recuperé el aliento, expliqué:
-Luego mis padres empezaron a hablar de qué debían hacer ahora. Conmigo, quiero decir. Comentaron algo de enviarme a Loryem hasta que se calmasen algo las cosas, pero no estaba prestando atención y no sé si han decidido algo.
-Que vayas a Loryem es una buena idea. Estarías a salvo y podrías venir a vernos de cuando en cuando –convino Samuel, al tiempo que me apartaba un mechón de pelo de la cara.
Acaricié la pequeña marca rosácea de una de sus antiguas heridas de la cara con la punta de los dedos y, al ser recorrida por una nueva oleada de emociones, comprendí algo:
-Tú también estás en peligro… y te necesito a mi lado. Ven conmigo a Loryem –supliqué un segundo antes de recorrer con besos el contorno de su mandíbula, dando más tentación a mi súplica.
-Yo… -carraspeó para despejar el temblor de su voz y sentí un cosquilleo en la punta de los dedos al ser consciente de que era por mi culpa –No puedo, Kat. Tengo asuntos pendientes aquí.
-¿Y crees que yo no? –respondí, separándome ligeramente para poder acusarlo con la mirada –Tengo aquí más de media vida, Samuel. No puedo dejarla así por así y menos sola.
Me sostuvo la mirada, pero no respondió. Otra opción me desgarró por dentro.
-A no ser… que tú no quieras venir conmigo. Si no quieres estar junto a mí, lo entenderé.
-¿Qué? ¡No, Kat! Claro que quiero estar contigo, no te imaginas cuanto. Pero quiero, ante todo, que tú estés bien. Y por eso debo quedarme. Debo quedarme aquí para asegurarme de que estés bien allí, para cortar el problema de raíz y apartar de aquí a todos los que quieren hacerte daño. Tengo que quedarme aquí porque yo…
Calló durante un segundo. Le miré a los ojos y distinguí en ellos una calidez que parecía venir del mismo centro de su ser. Me hacía sentir tan bien, tan satisfecha conmigo misma… Seguí esperando que terminase la frase y él acercó sus labios a los míos. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para provocar el roce de nuestras narices y la excitación de nuestras respiraciones, confesó:
-…Te quiero.

8 comentarios:

  1. ¡Aissh ese te quiero! :)
    No quiero que se separen, parece que no pueden vivir el uno sin el otro :'(

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  2. Yo sé que lo necesitaban y qué sé yo, pero a mí me tranquiliza un poco que ya no esté.
    Aw, Samuel <3. En este capítulo, me dí cuenta de que mi cabeza siempre cambia la pronunciación del nombre xD. Qué lindo fue verlos juntos por un rato :3. Aunque me da mucha lástima que Kat se tenga que ir... Yo sé que va a volver y todo, pero aún así. ¡Ojalá pudiese irse con Samuel! Qué tierno lo del "te quiero", ¡me muero!
    Me encantó, simplemente :).

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  3. que monos los dos.. pero aun así, me da por sospechar que Samuel oculta algo.. si no, él iría también allí... bueno, probablemente esté equivocada y veo fantasmas de donde no los hay.. jaja

    Cuantos enemigos tiene...o aliados.. ¿quién será el que mató a su enemigo?

    un besoo

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  4. Yo también creo que Samuel oculta algo.
    Me han parecido tan cuquis... :)

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  5. Samuel y Kat son una pareja que se necesitan el uno al otro. Ha sido tan bonito todo jijij!
    La verdad es que creo que no puede ir porque tendrá que... mmm no lo sé, pero tiene que ocultar algo, seguro, bueno, casi seguro xD
    ¿Quién mataría al enemigo? Supongo que alguien superior a él...
    OMG!! Qué inttriga!! Espero el siguiente ^^
    Besitos :)

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  6. Que monooos Samuel y kat!! *__*
    ese beso, ese te quiero del final... es tan dfghjkldfgh*
    un beso^^

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  7. Hola Laura! Pero que monada son esos dos *-*. Y ese "Te quiero" de Samuel fue tan hermoso. Aunque no quiero que Kat se vaya la razón es muy comprensible. El padre de Kat me cae bien, sin embargo, me encantaría saber más de él. No sé tengo la sensación de que no es tan malo como aparenta xD.
    Te seguiré leyendo.
    Hasta pronto!

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  8. Y como se nota que se quieren de verdad y que harían lo que fuera el uno por el otro. Me encanta, simplemente, me encanta *O* <3

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